La Unión, un pueblo conquistado por las vacas
- Adagio Corporación
- 6 abr 2020
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Podríamos decir que el paisaje productivo rural de La Unión se compone de vacas y paperas, de vacas pastando y de flores, de lecherías y cultivos de fruta pequeña, de vacas contemplando las minas de caolín... De ordeñadores, de muchos ordeñadores que de manera manual o por medio de máquinas extraen el preciado líquido blanco que alimenta a cientos de familias. La naturaleza nos regaló uno de los animales más bellos y fascinantes del mundo, de un organismo complejo que solo merece palabras de adoración como lo hacen los hindúes, y que por fortuna habitan nuestro territorio como las amas y verdaderas señoras que son. De esto trata este artículo, de vacas y humanos, de cómo las vacas colonizaron la vida diaria de los unitenses.

Fotografía: Alejandra Castaño
Afuera y adentro se suele decir que en La Unión se cultiva mucha papa, hecho difícil de discutir, pero también creo que en este momento histórico los bultos de papa y las paperas no superan a los litros de leche y las vacas que tiene el pueblo. "Más de 250 mil litros de leche produce La Unión diariamente", le escuché decir hace unos meses a los candidatos a la alcaldía. Y aunque no tengo datos exactos al respecto, de algo sí estoy seguro: por cualquier vereda que camine encuentro vacas, en grupos pequeños, en manadas de treinta o cuarenta, e incluso en establos que superan las cien. Holstein, Jersey, Normando, Pardo suizo, Girolando, Simmental, Cebú, Criollo, de color negro, blanco, café, pardas, pintadas... La Unión es de ellas. Podríamos hasta ser sus esclavos, o sino que lo reafirmen los ordeñadores que señalan que tienen el oficio más esclavizante del mundo. Todos los días, a mañana y tarde, con lluvia o con sol, sin falta, hay que estar en el ordeñadero, pues ellas extrañan el concentrado y no soportan en sus ubres el peso de hasta 40 litros de leche que suelen dar en el día las más dotadas. Tampoco se disgustan cuando las acarician en medio de su labor.
Cuando apareció el hombre, ellas, herederas de la especie Bos primigenios, ya llevaban unos 2 millones de años en la tierra. Se hicieron amigas de las primeras civilizaciones y les ayudaron, con su boñiga y fuerzas, a construir sus granjas y arar sus tierras. A Colombia llegaron con los europeos, que ya las adoraban con fervor en monedas (pecunio), mitos, leyendas y representaciones divinas (Damona, Auðumbla o Boan por ejemplo). Ni qué decir de las religiones hindúes. Poco a poco fueron invadiendo el territorio, repartiendo sus razas según el clima de agrado. Las Blanco Orejinegro tomaron dominio en Antioquia hacia finales del siglo XIX, y poco a poco sus cascos pisaron estas montañas. El unitense, que por esas fechas quiso ser independiente (1911), sin sospechar lo que pasaría luego, les dio refugio en sus tierras. Y cuando menos lo pensó, terminó asistiendo a charlas de mejoramiento bovino que proponían que el clima era apto para el ganado de leche y no de carne.
Con la Revolución Verde (segunda mitad del siglo XX), la vaca pasó a un primer plano. Ya no era la encargada de dar "el traguito de leche, la nata y el quesito para la familia papera". El mejoramiento genético, vía inseminación artificial, había logrado que su producción se incrementara, generando excedentes y nuevas expectativas de negocio. Quienes quebraron o se cansaron de sembrar papas viraron hacia el organismo más fascinante que quizás habían conocido. Un mamífero que con sus cuatro estómagos y un arsenal de bacterias intestinales transformaba lo vegetal en oro blanco.

Fotografía: Julián Toro
Quienes crecimos en el campo unitense lo hicimos rodeados de vacas. Incluso, hemos tenido en la mayoría de los casos una o varias. Seguíamos con celo los nueve meses de gestación (hasta en eso se parecen al humano, con el que comparten el 80 % de sus genes), para luego acariciar y darle leche a sus crías. Si eran terneritas las bautizábamos con nombres de humanos sacados de telenovelas o del amplio manantial que es el lenguaje.
Las vacas recuerdan perfectamente su nombre, son pacientes, solidarias, juguetonas, protectoras de sus hijos y su manada... Su mirada, fija y melancólica, nos puede desgarrar, sobre todo cuando las separan de sus hijos o deciden vilmente enviarlas al matadero. Muchos las critican por los efectos contaminantes de su gas metano, pero en el fondo somos los humanos los que no conocemos límites al quererlas explotar. Quienes insisten en insultar a las personas obesas o lentas, diciéndoles vacas, les recomiendo leer la campaña de Los más bellos insultos que publicó el Parque Explora de Medellín (https://www.parqueexplora.org/BellosInsultos).
Sin presentirlo se han convertido en la base de la economía unitense. Hay familias minifundistas que poseen su parcela y en ella sus vaquitas. No son ricos, pero el mamífero les da la papa de cada día. Otro grupo importante son los agregados que comparten sueldo o ganancias con los patrones, dueños de los medios de producción (tierras, ganado, instalaciones, tanques y maquinaria de trabajo). Entre ellos configuran una comunidad de intereses económicos que ha perdurado por más de tres décadas. La leche necesita ser transportada, y es por ello que el tractorista y su ayudante trajeron canecas con leche de las veredas al pueblo hasta recién iniciado el siglo XXI. Ahora son los carro tanques modernos, con mayor capacidad e higiene, los que transportan el líquido a los centros de acopio del pueblo o la región: Colanta, Proleche, Auralac, Lacteos Rancheros, entre otros. El tractor quedó restringido a llevar los bultos de cuido, de abono y demás materiales que requiere la finca.
Mientras pastan en las tierras del otrora Vallejuelo, con la tranquilidad de mover sus mandíbulas unas 60.000 veces por día, los humanos se ocupan de sacarles más que la leche. Han surgido empresas que comprendieron que las ganancias no solo están en ordeñar, sino en transformar la leche en otros productos: quesos, yogures, lecheras, mantequilla, arequipes, postres, leches en polvo... Empresas como Nebraska, Lácteos La Unión o Lácteos Buena Vista, que también incursiona en el sector terciario con su restaurante, han comprendido la lógica del negocio. La rentabilidad es mayor cuando la compran y la transforman. Pagan por un litro de leche entre 900 y 1.300 pesos, lo procesan y lo embolsan vendiéndolo a precios superiores a 2.500 pesos. Mencionemos una de esas empresas: Colanta, aquella que sabe más en las tierras de La Unión y del Norte de Antioquia (San Pedro de los Milagros, Santa Rosa de Osos o Entrerríos por ejemplo). Así funciona la economía lechera.

Fotografía: Fernando Jaime Botero
Si el caballo tiene imperios como el mongol, la vaca ha tenido su propia calle en La Unión. Los almacenes agropecuarios han vivido a costillas de ellas, vendiendo concentrados, abonos, drogas, maquinarias, implementos y cuanto invento facilita el trabajo en el campo, o bueno, eso es lo que nos dicen. Almacenistas, inseminadores, veterinarios, vacunadores, ingenieros agrónomos y técnicos viven del sector, y para ellos pareciera que no hay época de vacas flacas cuando abunda la leche, hay sequías y heladas: el animal debe alimentarse y estar siempre sano, ellos estarán atentos a venderle al ganadero lo necesario, los precios nunca bajan, no importa que se queden con la mayoría del pago quincenal.
Otros que chupan de la teta de la vaca, en ocasiones de forma descarada, son los negociantes de vacas. Es un grupo reducido de personas que aprovechan la especulación en el mercado para comprar y vender ganado de leche y de descarte al precio que ellos impongan. Los lunes y sábados, en las ferias de ganado de La Ceja y Marinilla respectivamente, se les ve atareados con rejos y manojos de plata. Es una especie de oligopolio lo que han creado, que los hace indispensables en el negocio. Es cierto que han intentado regularlos, para que haya un comercio más equitativo y justo, como lo hicieron con los canequeros (práctica en la que los transportadores compraban la leche al campesino, a precios bajos, para venderla más cara y en ocasiones aumentar los litros revolviéndoles agua), pero lo cierto es que hasta la fecha se han reinventado para no salir del negocio.
Y agrega un amigo y servidor vacuno: “Ni en sus tumbas dejarán de atormentar al avaro. Aquel que osará profanarlas, reduciendo su esbelta figura a costales de carne que luego serán sazonadas y servidas en prestigiosas parrillas. Pobre animal, tanta es su grandeza, que ni volver a la tierra le es permitido”.
Con sus amplias caderas y prominentes ubres dan también alimento a carniceros, jornaleros, bulteadores, soldadores y trabajadores de camino (gracias al impuesto a la leche se pueden arreglar las vías rurales). Manejan la oferta y demanda del comercio local cada quince días, cuando mana la plata para mercar, hacer vueltas e incluso tomarse unos tragos.

Fotografía: Gilberto Patiño
Las vacas hacen parte de nuestra identidad como pueblo. Con su boñiga se edificaron las casas de tapia; con su leche se han elaborado cientos de recetas que aún no terminamos de explorar; algo similar podríamos decir de su carne; las prácticas y saberes del campesino también se conectan por múltiples venas a ellas; el regalo más común para San Isidro son ellas, y a Dios le rogamos que estén sanas; incluso, desde el lenguaje, hemos configurado unas formas de nombrar nuestra cotidianidad que nos remiten al noble animal (ver más abajo el diccionario vacuno). En suma, hacen parte de nuestro patrimonio material e inmaterial.
Por éstas y más razones que quizás pase por alto, me declaro entonces fiel servidor de las vacas. A ellas me entrego en cuerpo y alma. Prometo seguir en el cielo la constelación de Tauro, que nos recuerda su brillo constante. Y en la tierra contemplar y adorar los paisajes vacunos de La Unión.
Por: Edison Orozco Toro
Sociólogo
Fuentes de apoyo
- Brew, Roger (1977). El desarrollo económico de Antioquia desde la Independencia hasta 1920. Bogotá: Publicaciones del Banco de la República.
- Bulbena, Juan. (1929). Monografía agrícola de La Unión. Medellín: Sociedad antioqueña de agricultores.
- INER. (1995). La Unión. Estudios de localidades. Medellín: Cornare.
- Página web del Parque Explora. Los más bellos insultos. (https://www.parqueexplora.org/BellosInsultos).
- Weber, Max. (1956). Historia económica general. México: Fondo de cultura económica.
- Diálogos con veterinarios y diferentes campesinos de La Unión.
ANEXO: DICCIONARIO VACUNO
1. Bacano. Sinónimo de aprobación.
2. Bacanal. Fiesta considerada pagana por los cristianos que consiste en emborracharse como vaca asoleada, comer y hasta tener relaciones sexuales libertariamente. Con ella se rinde tributo al dios Baco.
3. Beber como vaca asoleada. Práctica milenaria que consiste en emborracharse como si no hubiera mañana. Las vacas suelen tomarse, en días calurosos, unos 100 litros de agua.
4. Camina como ternero recién nacido. Damisela que incursiona en el mundo de los tacones, caminando de manera dispar y temblorosa.
5. Canequeros. Transportadores que compran la leche al campesino a precios bajos, para venderla más cara, y en ocasiones aplicar la vieja técnica de aumentar los litros revolviéndoles agua.
6. Coger la vaca o el toro por los cachos. Enfrentar las dificultades de la vida de manera estoica, asumiendo personalmente la resolución del problema.
7. Escaparate. Armario de madera, que pesa mucho y que ocupa demasiado espacio en la casa, como las vacas
8. Época de vacas flacas. Crisis económica continúa entre los pobres.
9. Época de vacas gordas. Solvencia económica continúa entre los más ricos.
10. Ganado de descarte. Vil práctica que consiste en vender para carne a las vacas poco productivas, rebeldes, que están enfermas, viejas o que ya cumplieron su ciclo productivo.
11. Hacer una vaca. Práctica recurrente entre el vulgo que aúna esfuerzos monetarios para así comprar un producto que individualmente está por fuera de su alcance. En ocasiones, el encargado de la vaca termina con más dinero del que aportó inicialmente.
12. Ganado y ganader@. Ganado: ser objeto sexual o amoroso de alguien. Ganadero: creerse el dueño del ganado.
13. Lamer o lamber. Cariño sincero de los vacunos. Para los humanos, falsos elogios a cambio de favores.
14. La vaca que más caga. Dada la alta cantidad de mierda que generan las vacas, algunas personas osan igualárseles con su ego.
15. Manatiar o maniatado. Técnica que busca atar las patas de la vaca por medio de un lazo, para impedir que riegue el balde con la leche o que aporreé al ordeñador. Persona impedida para tomar resoluciones.
16. No le cuaja. Por más que intenta, no logra llevar a cabo su propósito. El cuajo es un polvo que sirve para hacer quesitos de la leche (cuajar la leche).
17. Pegarse de la teta que más leche da. Así como el ternero lo hace con un pezón de su mamá, hay humanos que andan por la vida en busca de un mecenas que escurrir.
18. Pestañas de vaca. Dícese de aquella persona que tiene pestañas largas y chorreadas hacia abajo, que intenta encresparlas para adjudicarse supuestos atributos que natura no le dio.
19. Poner ojos de vaca o ternero. Persona que trata de imitar los sinceros y conmovedores ojos de la vaca que sufre, buscando generar falsas compasiones con la mirada.
20. Res amarrada. Frase recurrente para chicanear que se tiene una cita amorosa o sexual.
21. Vaca muerta. Frase vulgar que no comprende los tiempos de las vacas. Se ha usado también para ofender a las mujeres supuestamente "pasivas" en la cama, reflejando quizás la impotencia de algunos hombres para complacerlas sexualmente.
22. Vacaniao. Dícese de aquella persona que anda por la calle alegre, un tanto delirante, que no cree en nadie más que en él mismo.
23. Vaca seca. Período de tiempo que va por lo general de los 7 a 9 nueves meses de gestación, donde las vacas no se ordeñan y se les cuida para que descansen y así esperar que alcancen su mayor pico productivo después del parto.
24. Vacunar o vacunado. Hecho delictivo que consiste en extorsionar a las personas o cobrarles un monto de dinero a cambio de no violentar sus derechos. Se asocia con el ganado porque han sido ellas, las vacas, una inagotable fuente de dinero de la cual sacar ventaja.
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